jueves, 22 de noviembre de 2012

SOBRE EL SUB-SUELO

La primera vista fue conmovedora, colores, sonrisas, formas por todos lados que quería conocer mucho mejor, no podía moverme por el momento o poco sentía más bien, habían dos personajes que me sujetaban con gran fuerza, uno más bello, le dicen madre, yo, una pequeña hormiga que recordaba el momento de mi nacimiento ahora que trabajaba, construíamos una casa gigantesca, somos muchos trabajando en esto y nos dedicamos al asunto todo el día, es nuestra naturaleza y lo hacemos porque nos gusta, igual muchos se han ido en busca de un destino diferente, alguna vez uno llego con niveles de iluminación superiores, hacía que flotaran platos y martillos sobre el agua, solo cuando era necesario por supuesto, otros han encontrado tierras en que forman nuevas generaciones, generaciones que conservan algunas de nuestras costumbres cambian otras, todos estábamos bien en esta tierra, no hay enfermedades y nuestros años de vida llegan a mil, terminar esta vida no es una desdicha, es algo que festejamos.

Hoy que estaba trabajando y pensando en mi nacimiento llegaron aquellos supuestos benefactores con una palabrería que resulto enamoradora para muchos, yo tenía mis sospechas, hicieron que muchos de los nuestros se fueran con ellos, y a las pocas horas volvieron unos llorando pues aquellos nómadas, tenían armas inexplicables y los estaban asesinando, querían llevarse nuestro tesoro, las pequeñas hojas que recolectábamos con tanto trabajo, nosotros no tuvimos otra opción que empezar a tapar las entradas a nuestra ciudad, todos los que vivían en los alrededores entraron también y los generales y mayores del ejecito preparaban una estrategia de defensa, ellos sabían mucho del tema de la guerra.

Era un momento de mucho pánico y tensión, bloques de tierra, caían, se escuchaban golpes fuertísimos en las murallas que nos defendían y un alboroto muy ruidoso se mezclaba con esos golpes, adentro, las mujeres y niños lloraban mientras otros nos preparábamos para luchar, defender nuestra vida era tan importante que cada instante de presión más nos llenaba de valor, éramos descendientes de trabajadores de mil años de vida, teníamos una herencia fuerte, disciplinada y diseñada para la victoria.

Hubo una explosión y empezó a derrumbarse la parte frontal de nuestro gran hogar, al parecer los malvados no sabían que poder tenían sus armas y al detonarlas con más fuerza todo el techo cayó, no solamente sobre nuestro portón sino sobre ellos mismos, estaban siendo cubiertos por la fuerte tierra que parecía roca y no hacían mas que correr en todas las direcciones, nosotros estupefactos veíamos como se sepultaban solos, los gritos seguían y algunas otras detonaciones también, su propia inconsciencia se hacía cargo de ellos y los enterraba bajo nuestro suelo, esto es propio de las tropas que quieren acabar con los que no deben, los pocos que quedaron huyeron pues nuestro ejercito salió a terminar con los restos, ahora espadazos y gritos de guerra patrióticos hacían parte de los sonidos que inundaban el campo de batalla, el momento de salir fue perfecto, solo algunos de nosotros nos quedamos congelados, pero ellos ya conocen su labor y esta es precisa.

Nombramos esa antesala como la zona de terror, pues el mismo terror que se apoderaba de la ciudad fue el terror que presenciamos cuando el gigantesco derrumbe derrotó aquellos malvados; seguimos trabajando, fortaleciendo nuestro terreno y esperando que las cosas marchen tan correctamente como deben marchar gracias a nuestra excelente labor.